Reflexión – Con la mirada fija

En cierta oportunidad, un granjero intentaba enseñar a un muchacho cómo labrar haciendo el surco recto.

–  Mira cómo yo lo hago. ¿Ves? Yo pongo la mano sobre el arado y fijo mis ojos en un árbol o una piedra en el lado opuesto. Mantén  tus ojos fijos en alguna cosa y lograrás hacer lo mismo.

Cuando el hombre regresó a ver a su  discípulo, los surcos iban en todas las direcciones. Increpando al muchacho éste se defendió alegando “que él había fijado los ojos en una cosa del lado opuesto, y que no sabía cómo los surcos se habían torcido”

–  ¿Y qué miraste,  si se puede saber? – preguntó el granjero.
       –  Pues puse mi mirada en  aquella vaca que está allí pastando.

Naturalmente, como la vaca iba de acá para allá…

En muchas oportunidades actuamos de la misma forma que el muchacho. En lugar de poner los ojos en nuestro objetivo, fijamos la mirada en cosas pasajeras o irrelevantes, que sólo nos distraen y hacen que nos desviemos de nuestro camino.

En Hebreros 12:2 dice: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (RVR 1960)

Quizás en las cosas terrenales no importa mucho si  desviamos un poco el camino porque, aunque perderemos tiempo para llegar a nuestra meta, podríamos retomarlo; sin embargo, el desviar la mirada de Jesús puede ser muy costoso.

No importa si estamos en medio de una prueba o en tiempos de calma, lo importante es poder mantener nuestra mirada fija en el Señor para poder alcanzar la meta eterna. No permitas que cosas transitorias te desvíen del camino.


Ana María Frege Issa
CVCLAVOZ

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